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domingo, 26 de mayo de 2013

Indios rezando y llorando de nuestra tierra de Santiago desalojados violentamente

Así como en algunas partes de las provincia de Santiago  festejan el 25 de mayo día de la patria en otras partes sucede estos hechos aberrantes.


Montes donde residian la comunidad tonocote destruidadas por las maquinas de la empresa Conorvial


         Fuerza policial al servicio de las grandes empresas


La policía llegó a una zona habitada por 23 familias de la comunidad tonocoté. Con orden judicial, los corrieron con caballos, perros y hasta una topadora. En ese lugar de la provincia quieren construir chalets con tejas francesas.  



Las máquinas, pertenecientes a las empresas Conorvial y Crisar, comenzaron a trabajar en febrero, sin previo aviso. Continuaron en marzo, intensificaron su trabajo en abril y ya llevan desmontadas y niveladas unas 24 has en el sector norte y noreste. Hasta el día de hoy no se han detenido.




Los vecinos, alarmados, comenzaron a juntarse para defender sus derechos. Se trata de unas 27 familias, 23 de ellas pertenecientes a una comunidad Tonocoté reconocida por el INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas).
En su mayoría son poseedores con varias generaciones de presencia en el lugar. Es el caso del Indio Froilán y de sus hermanos, nacidos y criados en el lugar, y de doña Reina, camache de la comunidad. Algunas familias, además del derecho posesorio, tienen título de propiedad. En ningún caso se cumplió con el artículo 17 de la Constitución Nacional, que enuncia con claridad que toda expropiación debe ser previamente indemnizada.
Lejos de velar por el cumplimiento de la ley, los emisarios del gobierno buscan desarticular la solidaridad entre los vecinos para quebrar su resistencia. “Del todo tratan de dividirnos. Vienen, nos hablan a algunos, nos prometen cosas, dicen que tal o cual vecino ya ha firmado, que firmemos nosotros también. Nos confunden”, enfatiza doña Reina.
Los vecinos iniciaron múltiples gestiones, golpearon muchas puertas, pero no obtuvieron soluciones. Sí recibieron, en cambio, amenazas de la policía y promesas inciertas de algunos políticos, que alternan la intimidación con la seducción del dinero.



“Yo no quiero plata. Me estoy muriendo en vida con esto”, afirma doña Reina. Junto a su familia prepara las empanadas que ofrece el domingo en el patio. “Este es nuestro trabajo, esta es mi vida, aquí tengo mi horno, aquí tengo todo. Yo sin esto no soy nada”.
Muchos pobladores viven de extraer ripio y arena, “mis hijos son jornaleros, siempre se han dedicado a vender lo que juntan del río” dice doña Amelia, “si nos vamos de aquí ¿que van a hacer?”. Todas las familias hacen uso de la pesca como suministro de carne durante gran parte del año y para generar ingresos a través de sus ventas. En el “patio” trabajan alrededor de 40 personas de la zona: cocinando, ofreciendo artesanías, expendiendo bebidas y acondicionando el lugar.
Se escuchan motores, las máquinas trabajan cruzando el canal. De este lado, niños juegan y pescan, sus risas amenizan lo irreparable. La preocupación queda rondando, son estos mismos niños los que no duermen de noche y preguntan a sus madres si al volver de la escuela va a estar su casa.
 


El Patio del Indio Froilán ha sido, por más de una década, un punto de encuentro de la ciudad capital con las raíces rurales de la cultura santiagueña. Centenares de personas acuden todos los domingos a compartir música y danza bajo la sombra de los árboles, donde los artesanos labran bombos y las vecinas ofrecen empanadas y tortillas. Completaban la visita los paseos al monte, a pie o a caballo, y las charlas con vecinos ripieros y pescadores. El bosque ribereño del Dulce mitigaba el calor en verano, albergaba aves e insectos y deleitaba a los visitantes.
Hoy este emblemático lugar agoniza. Topadoras, retroexcavadoras, aplanadoras y rolos, custodiados por un fuerte operativo policial, destruyen rápidamente el monte, nivelan el terreno, rellenan lagunas y acordonan los restos de vegetación para su quema. Estropean la vivencia de casi una treintena de familias, que el Gobierno de la provincia de Santiago del Estero pretende desalojar.
La urbanización abarca una superficie total de 60 has. en los sectores de Boca del Tigre y Mal Paso, al norte de la ciudad. Los terrenos fueron expropiados mediante las leyes 7110 y 7111 del 18 de diciembre de 2012, sancionadas sin tratamiento alguno.
El proyecto completo no ha sido difundido, ni mucho menos sometido a debate público. Las familias del lugar han obtenido información dispersa a través de noticias difundidas en los medios, interpretando las leyes de expropiación y por medio de rumores y “filtraciones”. Aparentemente, el gobierno pretende construir un barrio de viviendas sociales (IPVU) y un barrio privado, extender la avenida costanera hacia el norte, realizar el enlace de las rutas provinciales 211 y 208, parquizar áreas verdes y construir un polideportivo con cancha de fútbol y otras instalaciones. Para ello sería necesario desmontar el bosque de ribera y desalojar prácticamente a la totalidad de la población.
Únicamente quedaría exceptuado el Patio del Indio Froilán, de poco más de una hectárea, donde habitan en total diez personas, todos de la familia del conocido luthier de bombos.



“El patio sin su entorno no es nada” dice Teresa Castronovo, compañera de Froilán González, que junto a él organiza la tradicional marcha de los bombos en el mes de julio. “Nosotros nos enteramos por la publicación en el diario y salimos a buscar respuestas”, explica angustiada. Pese a que el gobernador personalmente les aseguró por teléfono que a ellos no los desalojarían, la planificación inicial implicaba desplazar el patio y la vivienda y eliminar las 4 has de monte nativo que resguardan a modo de reserva.
El croquis de planificación se dio a conocer el 11 de enero de 2013 por una nota en el diario. En febrero, la Fundación Patio del Indio Froilán presentó el proyecto “Parque temático Kausayshta michas (mezquinando nuestra vida)”, con el fin de darle un marco administrativo al área de conservación.
La reserva consiste en un pequeño bosque con predominancia de algarrobos y talas. Sobresalen numerosas cactáceas típicas del monte santiagueño, como quishkaloros, ushbinchas y ulúas, que surcan la tierra y se entrelazan con los árboles, otorgando un encanto especial al sitio. Entre las ramas vuelan pájaros y en el suelo se observan cuevas de roedores y reptiles El visitante circula por senderos que suben y bajan siguiendo el perfil del terreno, removido durante la construcción del canal matriz, en la década del ‘60. Sobre estas hectáreas la urbanización pretende armar el polideportivo.